Una casa con destino irónico

Me leo actualmente la biografía Emperatriz Americana: La Vida y los Tiempos de Marjorie Merriweather Post de Nancy Rubin Stuart. Un peculiar título, considerando todas las biografías que puedo escoger, pero la vida es curiosa. Llegué a Marjorie Merriweather Post gracias a Donald Trump, de todas las personas.

Viendo un documental sobre Trump la otra noche me llamó la atención un curioso caso que nada tiene que ver con su nefasta presidencia sino en sus poderes de negociación. La historia de cómo llegó a adquirir su impresionante casa en Palm Beach, Florida resume todo lo que es él. Esta es la historia de una casa llamada Mar-A-Lago.

1280px-MaralagoLoC
Mar-A-Lago. Créditos imagen: Wikipedia Commons.

Construida entre 1924 y 1927 como una residencia de invierno para la dueña de General Foods, Marjorie Merriweather Post, Mar-A-Lago fue la construcción más comentada de su época. Sus techos enchapados de oro son tan extensos que agotaron las reservas de oro en todo los Estados Unidos y se dice que la única otra edificación que tiene más azulejos que esta casa es La Alhambra en Granada.

MMP

Además de poseer un imperio de negocios, la señora Post fue también una gran anfitriona y siempre entretuvo en Mar-A-Lago a importantes personajes con elaboradas cenas. Era tan rica que los historiadores comentan que podía celebrar hasta 50 cenas con 39 invitados sin repetir vajilla. Pero también cuentan los que fueron que no eran muy divertidas. Criada por un padre que abogó por la vida sana (inventó Postum, un sustituto del café y los primeros cereales empacados) la señora Post no era muy fanática del alcohol y a los invitados les servía dos coctelitos y nada más.

Al morir en 1973, Post quiso que Mar-A-Lago funcionase como una residencia presidencial de invierno para el Presidente de los Estados Unidos y dignatarios extranjeros. Así que se la donó al gobierno. Pero éste jamás pudo mantenerla por su alto costo por lo cual la devolvieron a la familia Post quien decidió ponerla en venta. Entra en escena Donald Trump.

Fascinado por la opulencia, Trump le ofreció a las herederas de Post $25 millones por la casa pero éstas dijeron que no. Así que Trump hizo lo impensable, compró la playa en frente de la casa y les dijo que pensaba construir allí su casa. Al saber que esta nueva edificación bloquearía la vista de la casa depreciándola de precio las herederas cedieron y “regalaron” Mar-A-Lago por $7 millones.

Marjorie Merriweather Post, quien gastó $90 millones actuales por construir Mar-A-Lago consiguió su deseo: que un Presidente de Estados Unidos viviera en su casa. ¡Pero a qué precio!

A pesar del destino de su casa vacacional, he encontrado en su biografía a una mujer fascinante y avanzada para su época. A pesar de su fortuna en el negocio de alimentos –lo cual la convirtió en la mujer más rica de los Estados Unidos- siempre entendió que de nada valía su empresa si no comprendía las necesidades del consumidor.

Por ejemplo, fue ella quien incursionó en el negocio naciente de los alimentos congelados y gracias a su determinación –su esposo estaba negado- pudo incorporar la compañía que procesaba estos alimentos al portafolio de General Foods, hizo millones, y le hizo la vida más fácil al mundo entero. Que esta idea de los alimentos congelados se le ocurriera tras comerse un ganso descongelado en su yate es una trivialidad deliciosa.

“No soy la mujer más rica del mundo –dijo Marjorie Merriweather Post en una ocasión-. Hay otras que están mejores que yo. La única diferencia es que yo hago más con mi riqueza. Yo la pongo a trabajar”. Eso dice más de ella como persona que como mujer rica y esas son las personas que me gustan a mí.

Y como a mí me encantan las anécdotas divertidas, traigo a colación ésta que Marjorie Merriweather Post tuvo con su señora de servicio en una cena que dio que me hizo reír mucho cuando la leí en el libro:

“El día de la cena, Margaret, la criada irlandesa, le aseguró a la señora que todo estaba en orden. El primer plato fue bien recibido. Pero apenas entró Margaret al comedor con el pavo, lo dejó caer con un terrible estruendo. La señora Post apenas levantó la mirada de su plato. “Podía haber traspasado el suelo”, recordó.

Luego de limpiar el desastre, Margaret apareció nuevamente y anunció con rapidez: “Señora, estoy sirviendo el otro pavo”. La señora Post reunió todas sus fuerzas para asentir en aprobación. “Por supuesto yo sabía perfectamente bien que no había sino un solo maldito pavo”, contaría entre risas muchos años después – “ella simplemente lo limpió y lo sirvió así”.

Créditos de imagen: Marjorie Merriweather Post pintada por Frank O. Salisbury (1946).  Hillwood Estate.