Las Narcopiñatas de Hoy

He asistido recientemente a una de las experiencias más terroríficas de mi vida. Me encantaría decir que fue una citación en el SENIAT por un error en la declaración de mis impuestos, una visita al proctólogo o una visita al mercado justo en el momento en que llegó la harina P.A.N. Nada de eso, he decidido que nada me ha dado más miedo en esta vida que acudir a las piñatas de hoy en día.

Yo no tengo hijos por lo cual mi presencia en una piñata es sospechosa. Algo así como Sascha Fitness en un McDonald’s. Lo que sí tengo es una abundancia de sobrinos en edad para festejar sus cumpleaños en fiestas infantiles y se espera que el tío asista, pues. Lo que no me espero de estas fiestas es darme cuenta de cómo han cambiado. Las piñatas de mi época eran seis imberbes intentando tumbar una figura de cartón que mi mamá insistía era el Pájaro Loco. Las de hoy llevan más producción que el video “California Girls” de Katy Perry y si no fuera por la respetable moral de sus padres, creería que estoy en una fiesta en casa del hijo de Pablo Escobar.

La primera diferencia que noto es en la invitación a la piñata. Antes uno iba a una librería y compraba una tarjeta donde decía “Te invito a mi fiesta” y rellenaba las casillas de la fecha, hora, y la dirección. Ahora, las invitaciones son una producción en tercera dimensión que escupen escarcha, tienen fondo musical y casi que te sacan la sangre. Algunas tienen indicaciones como “trae tus patines” o “ven en ropa cómoda”, aunque mi favorita de todos los tiempos sería: “no traigas a tu cargadora, trae a tu mamá y que no sea floja”.

Todas las piñatas vienen ambientadas con un tema. No es que Marcela Josefina cumple cinco años, es que la Princesa Marcela Josefina ha llegado a la edad casadera en el reino e invita a todas las doncellas a una tarde de té donde se harán masajes reductores, gozarán de servicios de peluquería, jugos detox y ayuda psicológica. Me parece chévere que el tema sea de princesas, ¿pero por qué las mamás se empeñan en regalarles a sus hijas una tarde típica de mujeres divorciadas?

Ni siquiera los juegos son como los de antes. Cuando yo era niño ponían siete sillas juntas y jugábamos a las sillas musicales. Nos vendaban los ojos y le poníamos la cola al burro; jugábamos a la ere; nos embadurnábamos de lodo; y cantábamos “Mi Amigo Félix” de Enrique y Ana como si estuviéramos en un concierto en El Poliedro. En las piñatas de hoy, los niños se montan en naves espaciales, tazas de té, carruseles, y montañas rusas. No lo critico, es solo que me doy cuenta de que yo nací en una era totalmente pichirre y que mi mamá era pobre.

Pero la mayor diferencia es la piñata. Madres, ¿puede existir una peor canción que “dale, dale, túmbala pa’l suelo, queremos caramelo?” ¿Dónde están los gritos violentos de mi época tipo “¡María Joaquina apártate que Félix te va a dar un palazo!” Y mi otra pregunta es, ¿por qué no se ha creado un sindicato infantil en contra de las cargadoras recoge regalos?

En mi época recoger los regalitos que caían de la piñata era un arte. Yo envidiaba a las niñas porque tenían falda y podían meter más cosas debajo de su vestido. Pero ahora me doy cuenta de que las cargadoras se lanzan en el juego y son unas dignas contrincantes de Los Juegos del Hambre. Miren, competir contra otros niños para agarrar pistolitas de agua, caramelos surtidos y serpentinas es una cosa. Pero tener que competir con una mujer adulta, vestida de santera, con uñas largas es como para voltearse a donde está tu mamá y decirle: “¿Qué haces ahí parada? ¡Ayúdame!”

Todo esto me parece terrorífico. Pero nada peor que los regalitos de salida que ahora, por niches, se llaman “cotillón”. Antes te daban un marca libros, un yo-yo o si era una fiesta de millonarios ecológicos, un pececito que se moría al llegar a tu casa. Pero ahora los niños salen de ahí con un sable de La Guerra de las Galaxias que funciona, una máscara africana traída de Namibia o las llaves de un apartamento en La Lagunita.

La mejor piñata que yo fui en mi vida fue la del un niño cuya madre nos mandó a todos a venir en traje de baño, nos dio un tobo llenos de bombitas de agua y dijo: “Destáquense”: Yo solo espero que con tanta parafernalia, producción y coreografía empleada, los niños de hoy gocen igual que yo disfruté mi infancia. A fin de cuentas, no son las piñatas a las que asistí las que recuerdo, sino lo mucho que gocé en ellas con tan poco material P.O.P.-

Créditos imagen: Rayma.

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El Reto Martha Rodríguez Miranda para ser un buen ciudadano

Objetivo del reto: Ser un buen ciudadano por 24 horas.

Participantes: Ser venezolano, de cualquier edad, sin necesidad de tener buena presencia (porque a diferencia de lo que piensen ciertas empresas, eso es discriminatorio) que estén dispuestos a ser buenos ciudadanos por 24 horas.

¿Por qué 24 horas?: Porque mi apuesta es que te va a gustar lo suficiente como para volverlo a intentar al día siguiente. O de repente es domingo y te da flojera ser buen ciudadano ese día, pues. Pero la idea es que por un día completo estés consciente de que vas a ser un ciudadano ejemplar.

¿Este reto está avalado oficialmente por Martha Rodríguez Miranda? No. Pero ella suena como si no le importara que yo hiciera este reto así que no creo que me demande… Creo.

¿Qué me gano?: Te ganas un diploma que lo puedes hacer tú mismo. Ponerle escarcha es opcional. Pero no le pongas escarcha rosada porque eso es cursi.

¿En qué consiste el reto?: El reto implica leer la siguiente lista y tratar de cumplir el mayor número de ítems si se presentan en ese día.

¿Me puedo tomar fotos para documentar el reto?: Si te sientes Kim Kardashian ese día, adelante. Pero hay una diferencia entre un buen ciudadano y un ciudadano echón. Todo tiene que ver con el tipo de filtro que uses.

¿Por qué te la estás dando de Gandhi inventando este reto?: Porque si logro que tú te animes a hacerlo y luego invites a otra a intentarlo, habré sido eso que los coach motivacionales llaman “agente multiplicador” y me parece que eso quedaría bello en mi resumen curricular. ¿Muy egoísta la razón? Está bien por la paz nacional. ¿Muy de Miss?

¿En serio lo puede intentar alguien de cualquier edad?: En serio. Ahora bien, si tu abuela de 98 años lo intenta y se cae cruzando la calle y se fractura el fémur y después se muere, no me puedes culpar a mí… Está bien, no lo pueden intentar las abuelas mayores de 98 años.

Toto… ¿por qué el reto?: Porque el cambio empieza por mi y algo hay que intentar. Ahora shhh, que tienes 24 horas.

RETO MARTHA RODRÍGUEZ MIRANDA PARA SER UN BUEN CIUDADANO

Intentar cumplir el mayor número de retos en esta lista en la medida en que se presenten durante 24 horas.

1. Comprar una película original en una tienda autorizada para distribuirla.

2. Llevar botellas, papel, aluminio y bombillos viejos a un centro de reciclaje (en el estacionamiento de la Plaza Los Palos Grandes hay un centro).

3. Guardar el celular en la guantera de tu carro mientras manejas. Si eres mujer lo puedes meter en tu cartera… Pero eso te va a tentar a sacar el maquillaje y vas a ver el celular así que mejor embute la cartera en la guantera.

4. Sostener la puerta a otra persona para que pase antes que tú. Si no te da las gracias, entrégale una copia de este reto.

5. No aceptarle un soborno a un policía cuando te multe. ¡Acepta tu multa!

6. No buscar una multa a propósito para cumplir todos los ítems de este reto.

7. Explicarle con paciencia a la persona que te dice “mi amor”, “mi rey”, “chico”, o cualquier otro nombre que tú prefieres que te digan “Señor”, “Señora”, o si tienes problemas de identidad con tu vejez, “Señorita”.

8. Respetar todas las señales de tránsito, sobre todo la luz de cruce. Si estás manejando a las 11 de la noche y no te quieres detener en una luz roja porque el hampa no está haciendo el Reto “Martha Rodríguez Miranda” es comprensible. Pero por lo menos pisa el freno dos segundos en la esquina para meter la coba que lo cumpliste.

9. Recoger cualquier pedazo de basura pequeña que veas en la calle y botarla en la cesta más cercana. Yo sé que tú no lanzarías esa lata de refresco que anda rodando por ahí pero si no la recoges tú, la va a tener que recoger el barrendero y por lo menos le haces un favorcito. Si fumas, no lances la colilla a la calle. Extingue el fuego con el zapato y bota la colilla en una basura.

10. Recoger los desechos de tu mascota en una bolsa y botarlos en la basura al momento de pasearlos. A menos de que tu mascota sea un avestruz en cuyo caso, fotografía esa vaina y mándanos una foto.

11. Amarrarse el cinturón de seguridad. Porque es de estúpidos no hacerlo.

12. Ser puntual en todas tus citas. No llegues “a golpe” de nada. Llega puntual a la hora que fuiste citado. Si alguien te dice: “Vamos a esperar cinco minuticos más para que llegue más gente”, recuérdales que el que está interesado es el primero que llega y que es una falta de respeto con los presentes no comenzar a la hora pautada.

13. Caminar siempre por el rayado del peatón al momento de cruzar la calle. Tripéate que estás en la portada de “Abbey Road” de Los Beatles.

14. Por el amor de Dios ¡frenar cuando veas a un peatón cruzar por el rayado! ¿No ves que se está tripeando que es un Beatle? Si no camina por el rayado, llévatelo por delante. No serás un buen ciudadano ese día y probablemente irás preso pero no todo puede ser perfecto.

15. Designar a un conductor si vas a tomar bebidas alcohólicas fuera de tu casa. Todos tenemos un amigo inseguro que manejaría por ti. Es solo cuestión de hallar a ese amigo para que te ayude a cumplir el reto.

16. No consumir drogas. ¡Pero qué chimbo este reto! Lo lamento, son ilegales y la idea es ser buen ciudadano. A veces el ser buen ciudadano implica ser gallo.

17. Decir “por favor” y “gracias” cada vez que solicites un servicio. Mira a toda persona que te atienda a los ojos. Si tiene un parche en el ojo, no te lances un chiste de piratas. Probablemente esa persona ya los ha oído todos.

18. Con el dolor de tu alma, no darle dinero a un niño de la calle. En el 99% de los casos ese dinero no es para él. Hay muchas otras formas en que podemos ayudarlos.

19. No ponerse lycras amarillas porque eso no se le ve bien ni a Sascha Fitness. Sé que esto es más una cuestión de estética que de ciudadanía pero en serio, como país debemos hacer un pacto de rechazar el uso de la lycra amarilla.

20. Ponerse audífonos para oír música en público. Por más que pienses lo contrario, nadie más quiere escuchar “Dinero” de Jennifer López en el Metro. Igual con el celular. Si estás en un cine o un teatro oscuro, date cuenta que la luz va a molestar al de atrás.

21. Cerrar el chorro de agua mientras te cepillas los dientes. Esto será súper Karen Bitton de tu parte pero por lo menos algo ahorras. Igual con las luces de tu casa. Apágalas si no las necesitas. (Ojo: a menos de que veas un fantasma en cuyo caso prende hasta el velón de José Gregorio).

22. Aguantar la puerta del ascensor para que todos entren y no molestarse si de último entra un gordito que tú piensas que no cabe. Sí cabe. Esa gente domina la técnica del Tetris espacial.

23. A la hora de un mal servicio, llamar al gerente y explicarle con paciencia, calma y voz de Caterina Valentino y no de Marta Colomina el porqué tú sientes que fuiste tratado de manera indebida. Quizás no cambies el modo del servicio, pero es mejor reclamar y aclarar que no decir nada y comentarle luego a la comadre “por eso estamos como estamos”.

24. Tratar a todo el mundo como esperas que te traten. A menos de que tú seas un déspota en cuyo caso, mejor no salgas ese día de tu casa.

25. Intentar el Reto “Martha Rodríguez Miranda” de nuevo por 24 horas y animar a alguien más a hacerlo.

El Plan Gianluca para gastarme 750 millones antes de morir

Un ticket del Powerball, la mayor lotería en los Estados Unidos, pegó los seis números que se necesitaban para lograr el jackpot y se ha ganado más de $750 millones, siendo el segundo mayor premio sacado en la historia de las loterías. Las probabilidades de que un ticket tenga los seis números es de 292.2 millones a 1, lo cual significa que eres tú versus el resto de la población estadounidense. Nadie ha reclamado el premio todavía, pero el ganador puede escoger entre un pago anual por 29 años hasta llegar a los 750 millones de dólares o una suma pagadera automáticamente más pequeña de $443.3 millones menos los impuestos federales y estadales.

Esa chorrera de real y yo que no me he ganado ni un pollito en una verbena.

Siempre he leído que lo peor que le puede pasar a una persona es ganarse la lotería porque se vuelven locos con la gastadera y en un par de años está en bancarrota. Pero no es para menos. Si tu salario no te da sino para hacer mercado con cupones y de repente te ganas un premio que te da para convertirte en el dueño del auto mercado y de la empresa que fabrica los cupones, pues se te vuelan los tapones. De la noche a la mañana tú pasas a ser un ciudadano común a convertirte en la envidia de un rapero.

Confieso que para mí todavía es un asombro tener un millón de algo. Hoy en día un millón de Bolívares son $59 al cambio negro y eso no es nada, pero te lo tienes que pensar a la hora de sacar la calculadora. ¿Puse todos los ceros ahí? Ya va, ¿esto son mil millones de los viejos? ¿Mil millones? ¿Entonces soy un millonario? No mi rey, eres un pela bolas igual que el resto. Termina de pagar la tarjeta de crédito es lo que es y ríndete.

Por eso no culpo al estadounidense que se sube la franela para que su lipa agarre sol mientras se toma una cerveza frente al tráiler donde vive por ganarse la lotería y convertirse en el sueño mojado de toda prepago. Yo sería peor que él. Yo sería Gianluca Vacchi. Richard Burton tenía una frase deliciosa sobre Elizabeth Taylor en sus años dorados cuando eran la pareja más rica del mundo: “Yo le enseñé a Liz lo que era la cerveza y ella me enseñó lo que era Bulgari”. Eso sería yo, un nuevo rico comprando clase.

Todo el mundo dice que uno debe ser generoso e invertir su dinero en obras caritativas. Y que bien por ellos pero esos limpios no se ganaron los 750 millones de dólares que me gané yo. Lo que yo haría sería darle un puñado a mi amigo más inteligente para que me los coloque por ahí como leo que hacen los millonarios, me mantenga un seguro de salud óptimo, me compre un mini planeta al que nadie le pare porque a mí me gustan los mini planetas a los que nadie le para, e invierta en agua porque leí que el tipo de la película “The Big Short” está apostando que el agua se va acabar. Todo eso me garantizaría un futuro estable mientras emprendo mi Plan Gianluca para Gastarme 750 Millones Antes de Morir.

Ese sería mi portafolio. Eso y una suite en el castillo de La Cenicienta en Walt Disney World. Sé que podría tenerla en el Castillo Neuschwanstein en Baviera, pero allá no hay hadas y a mí me gustaría que me despertase Campanita.

De resto no quisiera tener ni casas, ni yates ni aviones. Eso cuesta mantenerlo y es un fastidio ser Gianluca y que me digan que el avión está malo y no puedo volar hoy a Menorca. Así que yo sería más caritativo que Oprah y le regalaría a cada uno de mis mejores amigos una casa, un yate y un avión.

Yo sí compraría a mis amigos. Igualito estarían hablando mal de mí diciéndoles a los demás que “él era un limpio y ahora se jura la gran vaina” porque eso es lo que hacemos todos los pobres cuando alguien conocido se enchufa. Así que si van a hablar mal de mí que lo hagan en su casa de paquete, su yate de lujo y su avión privado, disponibles para mí cuando quiera. De esta manera no tendría que andar contratando gente para que me arregle las cosas. Sé que estaría contratando a mis amigos para que actúen como mis conserjes pero bueno, serían unos conserjes privilegiados. ¿Qué conserje tiene un yate? Los amigos de Toto.

También me compraría un país chiquitico. Solo para tenerlo tacita y echármelas en la ONU. Pero eso me quitaría tiempo de viajar así que mejor me compro Venezuela y se lo doy a Antonio Ledezma. Él sabría mantenerlo genial.

Siento que todo esto me está saliendo demasiado nuevo rico así que le echo un poquito de cultura al declarar que me gustaría visitar todos los lugares señalados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es más, me convertiría en el guía del tour de quinceañeras y me las llevaría en el avión que me prestaría uno de mis amigos para que se vinieran conmigo. ¿Pero eso no suena como de viejo verde? No. Les estaría haciendo un favor en la vida. Sus papás pagan una chorrera de real para que se vayan a conocer Europa por 30 días y lo único que hacen es aprender a tomar ron Malibu. Aquí tomarían Dom Pérignon.

También donaría de forma anónima a gente que siento necesita una ayudaita. Pero no a María Bolívar, sino a gente de verdad en aprietos. Les dejaría un sobrecito pegado al parabrisas en el carro y luego me escondería para ver su reacción cuando lo abren. Ahora que lo pienso, hay gente que necesita el dinero y que no tiene carro así que bueno, les regalaría un carro también para que puedan sacar el sobrecito del parabrisas.

Yo no sé si con todo esto me gaste los 750 millones de dólares. Creo que sí, pero todo lo que no use lo donaría a una gran biblioteca mundial antes de que caiga enfermo y me muera de viejito. Cuando muera, seguro me van a salir mil personas, incluyendo a mi papá, diciendo que ellos son fruto de un romance que tuve con una masajista en Tahití y ahí se va a armar la sampablera. Así que CERO real para mi papá y mis descendientes. El Plan Gianluca para Gastarme 750 Millones Antes de Morir no los incluye. A fin de cuentas, a mis amigos les regalé un yate, a las quinceañeras un viaje, y al resto de la población un país regentado por Antonio Ledezma. Si ustedes no supieron qué hacer con eso, allá ustedes. Yo contribuí.

Pero espero que alguien vaya a mi entierro porque la escena en El Gran Gatsby donde nadie va al funeral me pareció tristísima. Así que bueno, un millón al que llegue de primero al entierro. Y dos millones al ladrón que lo robe saliendo porque qué bolas tienes tú de ir a mi entierro solo por real.-

Una invitación a cenar

Cuando publiqué mi segundo libro La Hora Loca, mi abuela me organizó una cena con mis tíos abuelos pues estaba preocupada que nadie me compraría el libro. Este texto fue la reseña de cómo fue su invitación a cenar.

Mi abuela es un personaje. Antier me llamó a felicitarme porque ya pronto va a salir al mercado mi libro La Hora Loca. A la media hora me volvió a llamar para preguntar que dónde lo iba a vender. A los cinco minutos, volvió a repicarme para preguntar que cuánto me quitaban las librerías por cada libro vendido. A los cinco minutos, volvió a llamar a decirme que las librerías eran medio usureras por quitarme real. Le dije que éste no era el caso pero que también estaba la opción de la venta directa donde de verdad nadie me quitaba real. A los siete minutos llamó para preguntarme qué implicaba una venta directa. Le dije: “Familia”. A los quince, envió este correo a cuarenta personas:

INVITACIÓN A CENAR CON EL AUTOR TOTO AGUERREVERE (Y SU ABUELA)

“Están cordialmente invitados a cenar a mi casa el miércoles 20 a las 7:30, hora inglesa. Prohibido traer objetos tales como regalos o flores. Se sugiere venir con el trozo de papel higiénico que suelen utilizar en este lapso de tiempo. Si se les olvida no se preocupen. En secreto les digo que hay reserva suficiente. No comenten esto. Corro el riesgo de cárcel o asesinato si alguien se entera.

NORMAS DEL EDIFICIO: SUBIR EN EL ASCENSOR DE 2 EN 2. El ascensor es nuevo pero casi se echa a perder tanto o más que el viejo. No le gustan los gordos, por lo tanto le sugiero a (su hermano) que suba solo como lo hago yo.

NORMAS DE LA CENA: límpiese bien los pies antes de entrar y prepare el cerebro para acostumbrarlo a borrar al innombrable y a sus secuaces. Tengo que pagar 1000 BF cada semana para que la terapeuta desbarate los nudos que se me forman a causa de esos ………… Sorry, NO digo groserías piensen Uds. en las peores.

En el mueble de la entrada encontrarán un envase con unos papelitos. Tomen uno por persona. Prohibido intercambiarlos. Los puestos de las mesas son de primera, segunda y tercera categoría. Afortunadamente ya yo escogí el mío porque del suelo no me para nadie, tal vez una grúa.

La comida es hecha en casa. Las recetas están a la orden y las críticas… negadas.

Habrá suficiente licor a pesar de que la dueña que lo odia y solo toma Pepsi ligera. La música está prohibida debido a la falta de aparatos musicales.

Quienes estén interesados en adquirir el libro LA HORA LOCA por Toto Aguerrevere lo encontrarán aquí sin rebaja, ni siquiera para la abuela. Eso sí, con dedicatoria.”

Espero que disfruten la compañía, el gusto de estar juntos y sobretodo la comida. La casa está abierta los miércoles siempre y cuando los anaqueles de los supermercados nos lo permitan y ustedes, por supuesto, hagan su reservación con cuatro días de anterioridad.

Hasta pronto. Se reserva el derecho de admisión”.

¿Cuál libro mío? Con este correo el libro que yo me quiero leer es el que escribiría mi abuela. Su comedor es de doce personas. Van cuarenta. Gracias, La Gerencia.

Una casa con destino irónico

Me leo actualmente la biografía Emperatriz Americana: La Vida y los Tiempos de Marjorie Merriweather Post de Nancy Rubin Stuart. Un peculiar título, considerando todas las biografías que puedo escoger, pero la vida es curiosa. Llegué a Marjorie Merriweather Post gracias a Donald Trump, de todas las personas.

Viendo un documental sobre Trump la otra noche me llamó la atención un curioso caso que nada tiene que ver con su nefasta presidencia sino en sus poderes de negociación. La historia de cómo llegó a adquirir su impresionante casa en Palm Beach, Florida resume todo lo que es él. Esta es la historia de una casa llamada Mar-A-Lago.

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Mar-A-Lago. Créditos imagen: Wikipedia Commons.

Construida entre 1924 y 1927 como una residencia de invierno para la dueña de General Foods, Marjorie Merriweather Post, Mar-A-Lago fue la construcción más comentada de su época. Sus techos enchapados de oro son tan extensos que agotaron las reservas de oro en todo los Estados Unidos y se dice que la única otra edificación que tiene más azulejos que esta casa es La Alhambra en Granada.

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Además de poseer un imperio de negocios, la señora Post fue también una gran anfitriona y siempre entretuvo en Mar-A-Lago a importantes personajes con elaboradas cenas. Era tan rica que los historiadores comentan que podía celebrar hasta 50 cenas con 39 invitados sin repetir vajilla. Pero también cuentan los que fueron que no eran muy divertidas. Criada por un padre que abogó por la vida sana (inventó Postum, un sustituto del café y los primeros cereales empacados) la señora Post no era muy fanática del alcohol y a los invitados les servía dos coctelitos y nada más.

Al morir en 1973, Post quiso que Mar-A-Lago funcionase como una residencia presidencial de invierno para el Presidente de los Estados Unidos y dignatarios extranjeros. Así que se la donó al gobierno. Pero éste jamás pudo mantenerla por su alto costo por lo cual la devolvieron a la familia Post quien decidió ponerla en venta. Entra en escena Donald Trump.

Fascinado por la opulencia, Trump le ofreció a las herederas de Post $25 millones por la casa pero éstas dijeron que no. Así que Trump hizo lo impensable, compró la playa en frente de la casa y les dijo que pensaba construir allí su casa. Al saber que esta nueva edificación bloquearía la vista de la casa depreciándola de precio las herederas cedieron y “regalaron” Mar-A-Lago por $7 millones.

Marjorie Merriweather Post, quien gastó $90 millones actuales por construir Mar-A-Lago consiguió su deseo: que un Presidente de Estados Unidos viviera en su casa. ¡Pero a qué precio!

A pesar del destino de su casa vacacional, he encontrado en su biografía a una mujer fascinante y avanzada para su época. A pesar de su fortuna en el negocio de alimentos –lo cual la convirtió en la mujer más rica de los Estados Unidos- siempre entendió que de nada valía su empresa si no comprendía las necesidades del consumidor.

Por ejemplo, fue ella quien incursionó en el negocio naciente de los alimentos congelados y gracias a su determinación –su esposo estaba negado- pudo incorporar la compañía que procesaba estos alimentos al portafolio de General Foods, hizo millones, y le hizo la vida más fácil al mundo entero. Que esta idea de los alimentos congelados se le ocurriera tras comerse un ganso descongelado en su yate es una trivialidad deliciosa.

“No soy la mujer más rica del mundo –dijo Marjorie Merriweather Post en una ocasión-. Hay otras que están mejores que yo. La única diferencia es que yo hago más con mi riqueza. Yo la pongo a trabajar”. Eso dice más de ella como persona que como mujer rica y esas son las personas que me gustan a mí.

Y como a mí me encantan las anécdotas divertidas, traigo a colación ésta que Marjorie Merriweather Post tuvo con su señora de servicio en una cena que dio que me hizo reír mucho cuando la leí en el libro:

“El día de la cena, Margaret, la criada irlandesa, le aseguró a la señora que todo estaba en orden. El primer plato fue bien recibido. Pero apenas entró Margaret al comedor con el pavo, lo dejó caer con un terrible estruendo. La señora Post apenas levantó la mirada de su plato. “Podía haber traspasado el suelo”, recordó.

Luego de limpiar el desastre, Margaret apareció nuevamente y anunció con rapidez: “Señora, estoy sirviendo el otro pavo”. La señora Post reunió todas sus fuerzas para asentir en aprobación. “Por supuesto yo sabía perfectamente bien que no había sino un solo maldito pavo”, contaría entre risas muchos años después – “ella simplemente lo limpió y lo sirvió así”.

Créditos de imagen: Marjorie Merriweather Post pintada por Frank O. Salisbury (1946).  Hillwood Estate.