Predicciones (Para cuando lo que ya está color de hormiga se ponga color de hormiga)

Todos los años, la revista Todo en Domingo que viene encartada en el diario El Nacional publica las predicciones de la astróloga Adriana Azzi para Venezuela. Sus visiones sobre el futuro del país siempre son tan confusas que yo tengo que leerlas  con un diccionario y un tesauro al lado. Pero el mejor indicativo de que estamos pasando por una etapa nefasta en este país ni siquiera me lo dan las predicciones de esta vidente sino su ubicación geográfica. Estamos tan mal que ni Adriana Azzi vive en Venezuela. Eso ya nos dice todo.

Ella siempre dice queva a haber guerra, trifulca, abuso de poder, corrupción y cárcel. Nada nuevo. De hecho, todo lo que escribe en cuatro páginas en realidad se puede resumir en la siguiente frase: “Si usted tiene la posibilidad de conseguirse un Valium y despertarse el año que viene, tómeselo”.

Azzi jamás ofrece una noticia positiva, ni siquiera que vamos a ganarnos una corona de belleza lo cual los videntes siempre lanzan porque es casi seguro de que esa la pegan. Azzi da profecías terribles de las cuales solo hace falta ver una cola de supermercado para saber que ni siquiera son videncias sino realidades.

Lo que yo noto en estos tiempos en Venezuela es una tensa calma. Es como ese momento en las relaciones de pareja donde uno ya huele que se viene un peo. Uno no sabe por qué, ni cómo, ni cuándo, ni dónde, pero esa trifulca viene más seguro que la fractura de fémur de una abuela que detesta los bastones porque según ella se siente pava. Eso mismo es lo que sucede, todos presentimos que Venezuela se va a batir en cualquier momento. Y no es el fémur lo que se va a fracturar.

En vísperas de esa trifulca y de llegarse a dar, me atrevo a lanzar mis propias recomendaciones sobre las predicciones que seguramente hacemos todos. No lanzo cartas para hacer estas aseveraciones porque no soy vidente sino un bloguero haciendo tiempo antes de almorzar. Así que estas predicciones/recomendaciones tienen un 99% de error y deben ser leídas a su propio riesgo.

Eso sí, lo único que me he permitido es escoger mi nombre de vidente porque tener un nombre de vidente es cool. Así que les presento al Profeta Toto Melquiades Mefistofeles Nicanor de Los Santísimos Arcos Dorados de McDonalds.

Mis predicciones/recomendaciones son las siguientes:

Empátese y arrejúntese: Lo que nadie dijo de las protestas es que hubo una clase importante de reprimidos sociales. Los solteros sufrieron meses de escasez sexual y romántica ante la imposibilidad de conocer gente nueva por la encerrona. Para evitar esto, mi recomendación es que usted se busque a una pareja YA. No importa que no sea de su gusto, agrado o que esté obesa o sea feo. Tener a alguien en los meses de trifulca va a ser necesario porque los países se pueden ir a la carraplana pero la necesidad de sexo es eterna. Procure arrejuntarse con alguien de su zona para evitar la distancia.

Véale el lado positivo a la escasez: Sascha Fitness también estará muerta de hambre así que sus posibilidades de envidia a los cuerpos ajenos se reducen. La escasez lo que va a crear es aceptación con su propio cuerpo y se dará cuenta de que desear por tener medidas 90-60-90 no es tan importante como conseguir comida adecuada para su alimento diario.

Olvídese de ciertos regalos de matrimonio: Por alguna razón ilógica en este país donde no hay nada, las fiestas de matrimonio continúan y se han vuelto más apoteósicas. Mis videncias me dicen que eso va a ser como los músicos del Titanic y yo mismo celebraré a los primeros novios que tengan la conciencia de irse a casar a la jefatura civil con almuerzo posterior en El Mundo del Pollo porque la masa no está pa’ bollo. Pero hasta en la pobreza hay que regalar. Regale presencia y abrazos. Eso es mejor que una tortera.

Perdone: Esto viene en consonancia con la falta de gente en Venezuela. Llegó la hora de ver quién queda aquí y hacer las paces con aquellas personas que tuvieron un impasse con nosotros en el pasado. ¿Qué la mosquita muerta esa le montó los cachos a su marido? ¿Qué el del Piso 6 le rayó el carro con su Twingo? Perdónelos. Haga borrón y cuenta nueva con sus relaciones porque el día de mañana si hay que escapar, seguro les toca en el mismo barco. Y estar peleado en un barco es un cliché. Si la paz llega a Venezuela, pues peléese de nuevo porque en verdad esa mujer monta cacho es tremenda zorra. Pero en estos momentos, hay que hacer pactos de no agresión.

Lea “Rebelión en La Granja” de George Orwell este año y déselo a toda su familia: No importa si su familia es más bruta que la familia de Honey Boo Boo, hágase un favorcito y vayan a comprarse este libro para que entiendan bien la magnitud de problema en la que estamos metidos. Necesitamos que este año no quede ni un venezolano por ahí diciendo que es apolítico. Llegó la hora de reafirmar nuestra voluntad democrática en familia. También es bueno que se compre un manual llamado “Cómo Fabricar Velas” porque mire, de repente se va la luz y con todo el movimiento para beatificar a José Gregorio tampoco hay velones.

Haga un tiempo para la política y otro para la vida en familia: Con las protestas hasta un infante de 6 meses sabía pronunciar “Fernando del Rincón”. Y si bien es importante estar informado, a pesar de que aquí son pocos los medios que informan, también es necesario hacer vida familiar. Los niños no son tontos y saben que estamos malísimos. Pero usted no creció todo el día oyendo que Carlos Andrés Pérez era un desastre o que Luis Herera Campins era un come Torontos. También hablaba de Lila y del Puma. Busque al Puma y enseñe a su hijo lo que es cantar “Pavo Real”. La verdad es que todo esto será tan solo un párrafo en cualquier libro de historia, pero El Puma… El Puma is forever.

No diga la frase “Esto es un país de mierda”. La mierda somos nosotros: El Cerro Ávila y los Morros de San Juan han visto de todo y no tienen la culpa de que nos dejamos meter gato por liebre todo este tiempo. Luche, vote, proteste, cambie, lidere y decida el porvenir político de su país siempre que tenga la oportunidad de hacerlo. Pero no olvide darse cuenta de que los araguaneyes comenzaron a florear y que las guacamayas todavía vuelan sobre los cielos. Importante tomarse diez segundos de su día para ver que eso no es tan mierdoso y que bien vale la pena pelear por quedarse para siempre en Venezuela.

Haga un horario telefónico con su suegra o su abuela o la que sea más metiche para que no los vuelva locos: En las trifulcas esas doñas llaman a toda hora y usted no tiene tiempo de ser recepcionista de los malos presagios. Cuadre un horario conveniente y haga que se respete. Y si la suegra o la abuela no llama a esa hora, por amor al Cristo ¡llame a usted! No vaya a ser que la suegra o la abuela se haya despachado.

Almacene. No acapare, sino almacene: Lea la fábula sobre las hormigas y el saltamontes de Esopo. Hay que prepararse para el invierno, sea inteligente con sus enlatados. Y con la caña… En algún momento se va a tener que echar un palo ya sea en desespero o en celebración. Tenga su botella por si acaso.

Prepárese para el comienzo: De repente no es este año, ni el próximo ni en tres. Pero todas las revoluciones se acaban (salvo la del bikini) y vamos a necesitar que gente como usted diga exactamente lo que quiere de sus mandatarios. El problema de este gobierno es que definen al pueblo como un grupo de ciudadanos que no somos ni usted ni yo. Eso se acaba en el comienzo. Y es mejor estar preparado para volver a sentirse pueblo, por fin y de una vez.

Sonría: Vive en el mejor de los tiempos y en el peor de los tiempos. Sus antepasados se murieron que si de gripe.

 

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El Misterioso Mundo del Chat de las Mamás del Colegio

Anoche fui a una cena. Como todas las cenas, uno no sabe si es más educado poner el celular del lado del tenedor o del cuchillo por lo cual nadie se juzga. A fin de cuentas, el celular siempre es el indicativo de que no somos cinco alrededor de una mesa, en realidad somos cinco humanos y diecisiete invitados virtuales.

El tema de hablar por celular en la mesa ya es una costumbre la cual no me molesta a menos de que seamos dos y yo te esté echando un cuento. Ahí sí es como mejor agarrar mi teléfono y comenzar a chatearte a ver si me prestas atención. Este no era el caso de esta cena, aquí la conversación fluía y y los cinco estábamos lo suficientemente entretenidos como para no tener que mirar a la pantalla. Sin embargo, el celular de mi amiga Mela no dejaba de sonar. Con insistencia eso era “¡Pin! ¡Pin! ¡Pin!” cada tres segundos. Molesto por el incesante ruidito, interrumpí la conversación y le dije:

-A mí me parece de muy poca discreción que tú tengas un chat abierto a esta hora con un amante en presencia de tu marido.

-No vale, ¿qué amante? –me contestó -. Uy no, qué flojera tener un amante, el único novio que yo tengo aparte de Carlos es YouTube. No, no, esto es un chat ladíllisma de las mamás del colegio.

-¿Y qué pasó? ¿Se perdió un niñito? –preguntó otro comensal.

-Olvídense –contestó Carlos, el esposo de Mela -. Esto es todas las noches y todavía están en calentamiento. No hemos llegado al punto donde el pin es un compuesto de cien pines a la vez.

De esta manera fui introducido al misterioso mundo del chat de las mamás de colegio. Yo ignoraba que tal grupo de chat existía pero aparentemente es el estándar para toda madre que cuente con un celular y un hijo en edad de decirle: “A ver Santiago, sopla aquí. ¡Sopla! ¡Sopla! Muy bien!” Por lo que aprendí, el chat de una mamá de colegio es como perderse en una jungla peligosa. “Mientras más hijos tengas, más números de chats tienes, lo cual es una desgracia para todas y me imagino una tragedia para las que son opusas”, me explicó Mela.

La insistencia de este chat, el cual no me dejó reproducir en fotos por temor a represalias pero sí copiar, comenzó porque una mamá del colegio preguntó lo siguiente:

Mamá 1: Hola

Mamá 2: Hola

Mamá 3: ¡Hola!

Mamá 26: Helloooooooo

Mamá 1: Quería saber si alguna de ustedes tiene a su hijo malito del estómago.

Mamá 6: Amigaaaa por quéee que pasó???

Mamá 2: No, Matías está bien

Mamá 21: Sí, mi Sabri también. Ya lista con la exposición de los guaraos hecha para mañana. #proudmom!

Mamá 1: Es que Miguel anda como con el pupusito flojo.

Mamá 3: Noooooooooooooo (muchas caritas)

Mamá 19: Fren, qué le pasóoooo?

Mamá 1: Sí, horrible y yo no sé que le pasa pero de repente fue algo en el colegio…

Mamá 5: Amiga, ahora que lo mencionas… Vero no se siente nada bien.

Mamá 6: Ay noooo los pobres. ¿Será el agua en el colegio? :(((

Mamá 1: Sí es que el pupusito es como color verdoso y me angustié.

Mamá 5: Sí Vero lo tiene igual. Qué vaina…. Ya llamé a Raga pero me dice que es normal.

Mamá 13: ¿Alguien vio el partido esta mañana?

Mamá 2: Betsa qué insensata, estamos hablando de Miguelito y Vero que no se sienten bien.

Mamá 13: Ups, perdón.

Mamá 7: Hoy no jugaron mi Betsa

Mamá 1: Pero es que no sé si mandarlo al colegio mañana, es que miren…

[FOTO DEL PUTO PUPUSITO DE MIGUEL]

Mamá 13: Ascooooooooooooo

Mamá 2: Ay nooo, pobrecito!!!!

Mamá 5: Si así lo tiene mi Vero. Que vaina, ¿quién le habrá pegado esto…

Mamá 1: Yo como que no lo voy a mandar mañana al colegio.

Mamá 16: Sí amiga, es mejor. Después ese virus se esparce y ay no quiero ni pensarlo… Saben que hoy estaba leyendo sobre el Chikungunya y miren déjame mandarles este link….

La conversación continuó, pero Mela decidió apagar el celular. Obviamente la cena de todos también terminó después de estar expuesto a los residuos intestinales de un pobre niño que espero crezca con bastante personalidad. Aparentemente los chats de las mamás son un foro de dudas cuando el médico, el marido y el sentido común te bloquean en WhatsApp.

-Y en las protestas fue peor –me dice Mela-. Ahí eran 87 mensajes de “No” y “Sí” cuando una sola preguntaba: “¿Alguien va a mandar a su hijo al colegio mañana?

Hoy almuerzo con mis amigos de la universidad y le pregunto a las mujeres si tienen chats de mamás. Todas ruedan los ojos como si les hubiera dado en la madre. “Yo tengo el chat oficial”, me dice una, “luego el chat paralelo donde nos burlamos de las demás mamás, luego otro chat más privado con tres amigas y encima el chat de la maestra”.

-Ah, es que la maestra se comunica también por chat? -le pregunto a una. Ella me muestra su celular. El chat se llama “Vaca y Terné”.

-¿Qué significa eso?, -le pregunto.

-Aparentemente el colegio va a hacer un acto de grado con las canciones de Simón Díaz. A la hija de mi amiga le ha tocado ser la Vaca Mariposa y a otro el Ternerito.

-O sea, ¿tú me estás diciendo que la maestra tiene un chat abierto con cada personaje de la fauna en el folklore venezolano? -pregunto incrédulo.

-Y eso que no es Navidad, Toto. En Navidad está el amigo secreto, el acto de Santa, la repartición de regalos, y el chat para ver quien trae los brownies.

-¿Y no hay reglas? Porque eso de que haya 27 mamás diciendo “Ok” es como para lanzar el celular por la ventana y educar a tus hijos en casa.

-Sí, sí hay reglas, -me responde otra amiga. –Al principio del año se manda una serie de reglas para todas donde no se puede hablar de otra cosa que no sea el colegio, los mensajes deben ser exclusivos para todas, etc.

-Claro -interrumpe mi amiga de la hija-vaca Mariposa-, cada cierto tiempo sale una como la del cuento del pupusito que esa se ve que no está en un chat con reglas porque en el mío le hubieran lanzado el código de reglas completo.

-¿Y cómo hacen con los piojos?

-Ah no bueno, eso ya es todo el año. Lo peor es que hay mamás que se lanzan puntadas tipo: “se le recuerda a todas que las niñas deben llevar el pelo amarrado”. Eso claramente es para la niñita con el pelo rulo que llega julio y parece un afro.

Ya en casa, me pongo a pensar en lo siguiente: yo me quejo porque tengo tres chats. El de mis amigos de la universidad, mis amigos del bar y mi grupo de alerta sobre el posible divorcio de Kim Kardashian para así lanzar el tweet cómico que ya todos tenemos preparados desde que la Kim se comprometió con Kanye West. Con el grupo de la universidad me paso días borrando fotos de los hijos de mis amigos porque a veces siento que mi celular es un Kindergarten. Pero ver a mis amigas madres en esto de los chats colegiales hace de mi un amateur. Ellas tienen que llevar el chat al psicólogo. O peor, rezar que las vacaciones lleguen pronto para hacer lo que imagino debe ser la mejor sensación del mundo después del sexo: “Mamá 1 ha dejado el chat ‘5to Grado B’”.-

El Chevrolet de Alberto Di Stefano

Me molesta cuando la gente se tiene que morir para que te enteres de un cuento. No hablo de la existencia de una familia paralela, ahí sí es mejor que el condenado o la condenada estén seis metros bajo tierra. Me refiero a los cuentos cómicos de familia que surgen de la nada, como un comentario casual, cuando siempre han debido ser parte del repertorio familiar para ser utilizado luego en la conversación que comienza con: “bueno tú sabes que yo tengo un cuento sobre….”

El cuento de mi familia es sobre Alfredo Di Stéfano, considerado uno de los cuatro mejores jugadores de fútbol de la historia, quien falleció el 7 de julio de 2014 luego de pasar tres días en un hospital como consecuencia de un paro respiratorio al salir de un restaurante. Tenía 88 años.

Una leyenda del Real Madrid, su nombre en Venezuela está ligado con el famoso secuestro en 1963 que lo llevó a pasar 72 horas en cautiverio cuando fue plagiado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional al salir del Hotel Potomac en la urbanización San Bernardino. Sin embargo, su fama en nuestro país data diez años antes cuando, la “Saeta Rubia” llegó a Venezuela a disputar la Pequeña Copa del Mundo de Clubes junto a la plantilla del Millonarios de Bogotá.

Organizada por un grupo de empresarios venezolanos, la Pequeña Copa del Mundo de Clubes, fue uno de los más importantes torneos de fútbol de los años cincuenta. Con seis ediciones consecutivas (1952-1957) y una en 1963, para acá vinieron los mejores clubes de fútbol de Sudamérica y Europa, entre ellos, el Real Madrid, el F.C. Barcelona, River Plate, Rapid de Viena, Millonarios de Bogotá, el Corinthians, y el Sao Paulo.

En 1953, Alfredo Di Stéfano, envuelto en plena disputa por su fichaje, juega en Caracas con el Millonarios de Bogotá por última vez y gana la Pequeña Copa del Mundo. Y aquí entra, inexplicablemente, mi abuelo Branger en la esta historia. Tras ganar la Copa en una final entre Millonarios y Rapid Viena que quedó 4-0 con un gol de Di Stéfano en el minuto 6 y otro en el ‘35, la fiesta de celebración fue en el bar de casa de mi abuelo, el mismo que hoy en día he heredado (porque mi familia está clara que real no hay, pero bar sí).

“Eso casi le cuesta el divorcio con tu abuela”, me comenta una tía. Al inquirir el porqué, mi tía continúa: “Verás, entre las 1087 razones que tu abuela encontró en vida para divorciarse de tu abuelo Branger, una de ellas fue esa noche de farra con Di Stéfano. Desaforado por el triunfo del Millonarios y por tener al máximo goleador de la Copa en casa, a tu abuelo no se le ocurrió mejor cosa que regalarle un Chevrolet… ¡el de tu abuela!”

El fogoso SMS que no es para ti

-No sé qué hacer.

 

Son siete los mensajes de texto que me enseña en su celular. Cada uno contiene una carga erótica digna de enamorado empedernido. En pocas letras hay palabras de todo lo que le va a hacer, cuánto la va a amar y en dónde la va a tender para hacerla suya. Mensajes de madrugada cuando no se está junto a ella lo cual provocan que el encuentro próximo sea aún más fogoso.

El problema es que el celular donde se encuentran estos mensajes le pertenece a mi Mamá. Quien los envía es Domingo, el arregla-todo de sicasa (léase cambiar bombillos, regar matas y correr a hacer cuánto mandado le ordene la Comae Josefa quien todavía no se ha enterado de que la esclavitud en Venezuela se abolió en 1816).

La solución al misterio de los mensajes románticos es obvia. Mi familia es tan metiche que nosotros sabemos perfectamente cómo se llaman los allegados de quienes muy amablemente nos prestan servicios. Eso lo aprendimos de la Comae Josefa quien cuando se exalta y va a decir una grosería le pide permiso a su difunta madre. Ejemplo: “Por mi madre Dora Guerrero pero el coño de su madre el muérgano que me quitó la novela para encadenarse”. Hace tiempo que Dora Guerrero es la santa patrona de mi casa.

Por metiches es que sabemos que Domingo tiene amores con una señora mayor que se llama igual que mi mamá. Como los mensajes son enviados de madrugada y yo tengo experiencia en mensajes de texto enviados de madrugada con conclusiones drásticas al día siguiente, le digo que simplemente Domingo andaba en una pea cachonda y marcó el nombre de su adorada para decirle lo mucho que la quería, sin darse cuenta que la persona que los recibiría sería su patrona.

Ahora, la diatriba de mi señora madre no es que le hayan mandando mensajes de esa naturaleza (“A esta edad, mi amor, son casi que hasta bienvenidos”, me dice). La cuestión es que no sabe si decirle a Domingo que le mandó los mensajes eróticos por equivocación o hacerse la loca.

-Yo digo que te hagas la loca –le contesto a ella en el almuerzo -. A mí me viene una jefa a decirme que se leyó mi pensamiento quesúo y yo no vuelvo más nunca a laborar.

-Pero es que me da lástima.

-Claro que te tiene que dar lástima, a nadie le gusta que lo agarren escribiendo borracho.

-No, no es eso. Es que si no le digo nada, va a pensar que su novia no lo quiere.

Mi mamá tiene un buen punto. Si no le dice nada, Domingo va a pensar que la novia no quiere nada con él. En cambio si le dice algo, Domingo se va a ir a enterrar la cabeza como los avestruces y después llevar a la novia al Registro Civil a cambiarse el nombre.

Esto de los mensajes no correspondidos es un tema de esta era. Todos hemos recibido un mensajito tipo: “Mi reina, te busco tipo siete”. Eso me da una lástima increíble cuando me llegan. Si yo fuera la reina me encantaría que me buscaran tipo siete. Yo siempre contesto. No les pongo que tienen el número equivocado. Simplemente le escribo: “Listo, Papi. A las siete estoy lista. TQQJ”. SIEMPRE me mandan un corazoncito de vuelta. Yo lo veo como un servicio público. Que nadie diga que yo no mantengo viva las relaciones de la gente anónima.

Los mensajes que sí tengo que contestar honestamente son los trágicos. “Abuelita, voy llegando de La Guaira pero no te voy a poder buscar sino a las cinco”. Ahí paro un peo. “Bien bonito como me tratas. ¿Y ahora qué se supone que yo haga?” Es verdad, si yo fuera de la tercera edad exigiría que me buscaran a mi hora. El casino ilegal o Farmatodo puede ser de 24 horas pero de repente esa doña es tempranera.

Ahora, lo peor son los mensajes equivocados donde se ve claramente que la otra persona le dio un número erróneo para salirse de ese paquetón. Algo tipo “Epa, soy Luis el de la discoteca de anoche. Un placer conocerte, hablamos”. Pobre Luis. Porque decirle que está equivocado y que está hablando conmigo es quitarle todo tipo de esperanza de aquella catira despampanante con la cual se tomó tres rones en la barra de la disco. Enterarse de que no hay posibilidad de un segundo encuentro porque la tipa le jugó la carta del número malo es perder la fe en la noche y los encuentros fortuitos. Luis debe volver a la caza. A veces me provoca escribirle diciéndole que si quiere lo acompaño. Por lo menos cuando vea a otra catira que anote su número voy yo después a pedirle a ella que me corrobore su teléfono a ver si le miente al desafortunado Luis.

Pero por lo pronto nuestro tema es con Domingo. Josefa dice que por su madre Dora Guerrero no le digamos hoy porque ella tiene que mandarlo a comprar el Kino y después seguro no vuelve. Ya veremos qué pasa pero de mi parte le pienso decir que eso es un error común. Luego le recomendaré que quizás sea bueno comenzar a decirle “Gorda” a su novia y grabarlo así en el celular. Mi mamá dice que eso es una pésima idea porque de repente va a pensar que la “Gorda” es ella, pero eso es ya mi madre enrollándose con los kilos de más. Anónimo o no, todo el mundo merece una respuesta. Sobre todo los que todavía se escriben cosas pensando en el amor.-

De cómo Édgar Ramírez me enseñó a batir el chocolate

En el primer año de mi carrera en la Universidad Católica Andrés Bello tuve una novia. Era la primera mujer que conocía a la cual le gustaban las mismas cosas que yo: toda la discografía de Simon & Garfunkel, frases sueltas de libros pretenciosos y el drama. Mucho drama. Nos empatábamos frente a la estatua de Andrés Bello y terminábamos esa misma noche en una calle oscura de Los Chorros. Después negociábamos volver y a la semana ella me terminaba a mí en la terraza de su casa reprochándome sobre mi inmadurez. Ciertamente, yo tenía una franela con el logo de Superman en el pecho. Ella en cambio, dos amigas escondidas detrás de una cortina.

Así fue más o menos todo ese primer año. Los grupos de estudio se tenían que dividir porque ella y yo no podíamos estudiar juntos. Luego, el grupo de estudio se volvía a reunir porque ella era la única que sabía explicar lo que eran las obligaciones propter rem y si no estudiábamos con ella, no solo raspaba yo, sino que raspaba todo mi bando. Todo lo que ella hacía, inevitablemente lo terminaba haciendo yo. Un día ella fue a comprarse una planilla para presentar un examen del Modelo Harvard de Naciones Unidas en la universidad. A los veinte minutos bajé yo corriendo al Módulo 3 donde vendían esas planillas y me compré una.

Yo quedé en el equipo. Ella no. Ahí terminó nuestra historia de amor.

Ahí comencé una historia de amor conmigo mismo. El equipo de la Católica para el Modelo Harvard significó para mí un descubrimiento. No de lo que quería ser –en ese entonces, abogado- sino de quien era en ese momento a los veinte años. Cuando se tiene veinte, todo el mundo te pregunta qué vas a hacer después, nadie se preocupa en preguntarte sobre quién eres ahora. Harvard me regaló la oportunidad de cuestionarme todo y pensar en eso.

Entre filósofos que tenían teorías hasta del porno, comunicadoras que podían citar a Baudelaire en una oración y luego a Sandy y Papo en otra e ingenieros a los que les dabas un Q-tip y un teipe plomo y construían un centro comercial en la parte trasera de una Montero, eso era el paraíso. Que íbamos a salvar al mundo en cuatro días de un simulacro de Naciones Unidas no era un juego. Nosotros íbamos realmente a salvar el mundo.

Una de esas personas que conocí en ese mundo fue a Édgar Ramírez. Él había estado en el equipo el año anterior, el cual había sido importante puesto que era la primera vez que una universidad venezolana había recibido un Honorable Mention en la competencia. Édgar y los de esa delegación eran para nosotros a big deal. Gente grande, pues. Y aunque muchos de su delegación ya habían forjado su camino en pasantías o recobrado una fin de semana normal donde se iban a la playa, Édgar siempre encontraba la manera para venir a visitarnos en un domingo de reuniones y contarnos sobre su experiencia en el Modelo.

Una de las cosas que a todos nos marcó fue una frase que Édgar nos dijo a pocos días de irnos a Boston, donde se iba a celebrar la competencia: “Muchachos, es tiempo de batir el chocolate”. Con esto quería decir que o nos movíamos y hacíamos cosas maravillosas dentro de cada uno de nuestros comités, o la masa se quedaba fría. Eso se convirtió para nosotros en un mantra. “Estoy batiendo el chocolate en comité que te cagas”… “Batting the choco” nos decíamos mientras nos veíamos por los pasillos. Algo que suena gallo, pero que era necesario para darnos ánimo entre el estrés de lograr un puesto importante.

Perdimos big time ese año. Pero eso no nos importó. En parte gracias a Édgar entendimos que batir el chocolate significaba prepararse más que Rocky Balboa frente a Iván Drago. Al año siguiente volvimos y recuperamos ese Honorable Mention. Al otro, yo lideré el equipo que se ganó el primer premio en toda la competencia, primera vez que lo hacía una universidad no anglosajona. El chocolate no es que estaba batido, el chocolate ya era una marquesa.

Cinco, diez años después, ya todos somos gente grande. Mi novia de la universidad y yo somos grandes amigos. De vez en cuando la fastidio diciéndole que se casó con un tipo que se llama igual que yo porque nunca se pudo sacar ese clavo. Los filósofos, comunicadores administradores y en general gente que alguna vez tuvo el pelo verde o azul que me acompañaron en Harvard son gente que está salvando el mundo sin duda. Puede que algunas se sienten junto a Christiane Amanpour en CNN, puede que otros solo sean papás, pero yo no dudo por ningún segundo que en su closet tienen el traje de Los Increíbles. Yo dejé de ser abogado y ahora soy un, digamos respetable, buhonero. Y Édgar… pues ya todos sabemos en qué se convirtió Édgar.

Edgar RamirezHace un tiempo me topé con uno de los carteles de una campaña de Johnnie Walker  titulada “Desde El Futuro”, en la cual Édgar sirvió como embajador. Él sale solo en un fondo negro, con una única palabra: TRADUCTOR. El mensaje de la campaña es decirte desde el futuro que todo va a estar bien. No importa cuántos correos te falten por contestar, cuántas copias te manda a sacar tu jefe, si terminaste con tu primera novia o si tú estás leyendo esta entrada en mi blog a las cuatro de la mañana cuando deberías estar terminando tu tesis y no puedes más. Todo va a estar bien.

Me pareció que él había dado en el clavo con esa palabra que lo definió hace tiempo. Yo conocí a Édgar Ramírez mucho antes de que se metiera en el papel de Bodhi, Roberto Durán, Bolívar, Carlos, Cacique. Lo conocí cuando ni siquiera era traductor de idiomas, sino intérprete de motivaciones. Una tarde él le dijo a veinte chamitos: “Es tiempo de batir el chocolate”. Y ninguno de nosotros ha dejado de soltar esa paleta.-